¿Qué hacer si solo tienes una escala de menos de 24 horas en la ciudad más importante de Canadá? Bueno, eso fue lo que nos preguntamos ni bien pisamos Toronto. Aprovechando el programa de Stopover que ofrece la compañía Air Canada, decidimos salir del aeropuerto para recorrer las calles en busca de algo auténtico.
Toronto tiene ese magnetismo de las grandes urbes norteamericanas, pero con una personalidad propia. Es moderna, diversa y sorprendentemente acogedora. Y te aseguro que en 24 horas se puede vivir una dosis intensa de la esencia canadiense, desde su elegante distrito financiero hasta el alma más tradicional de la ciudad.
Entre rascacielos y ritmo urbano
Aterrizamos cerca del mediodía y viajamos en tren desde el aeropuerto hasta la Union Station. Casi sin querer, terminamos apreciando por dentro y fuera a uno de los íconos arquitectónicos más impresionantes de Toronto. La estación central es realmente imponente. Y desde allí, es posible ver de cerca la CN Tower, la aguja que domina el cielo torontoniano. Si el clima acompaña, se puede subir al mirador para contemplar la ciudad. Pero sinceramente, amigos, estabamos congelados. Viajamos en pleno diciembre, y aunque estaba todo decorado por Navidad, el frío no daba tregua.
Lo interesante es que comenzamos el Financial District, sumergidos entre los edificios de cristal y acero que reflejan los movimientos de la ciudad. Asique nos abrigamos bien para caminar y aprovechamos para comprar dos buenos cafés calientes para llevar.
Viviendo la película norteamericana
A pocos pasos del distrito financiero, la modernidad se disuelve entre las fachadas históricas del Old Town Toronto. Acá el ritmo cambia. Las calles adoquinadas y los edificios de ladrillo rojo te transportan a otra época. Se percibe un ambiente relajado, con tiendas vintage, cafeterías y murales, entre la arquitectura más tradicional con herencia europea. Por momentos nos creíamos en el guión de una peli, paseando por el Old Town con nuestros cafés para llevar. Hasta que el viento nos pegaba en la cara para devolvernos al presente frío y lluvioso. Así es la vida.
En busca de la gastronomía de Canadá
Si el clima nos pone en jaque, vamos por nuestra mejor jugada. Todo buen recorrido por Toronto debe hacer una parada obligada en el St. Lawrence Market, uno de los mercados más antiguos y vibrantes del país. Apenas cruzás sus puertas, te envuelve el aroma del pan, los quesos artesanales y el famoso sirope. Pero, lo que vinimos a buscar es una de las comidas más tradicionales de Canadá, el popular sandwich de pastrami ahumado, recién cortado, con mucho queso, cebolla caramelizada, repollo y pepinillos encurtidos. El toque se lo da la mostaza picante untada en un delicioso pan de miga apenas tostado que invita a devorarlo.
Cae la noche y la ciudad nos despide de gala
La noche de Toronto es frenética, parece que la ciudad nunca se detiene. Las grandes avenidas se iluminan, también los edificios. Un paseo final por la zona del Harbourfront es el cierre ideal, con músicos callejeros, aire fresco del lago y el skyline encendido. Pero la experiencia auténtica puede ocurrir en cualquier pub, dónde sirvan buena cerveza y en la televisión estén dando hockey sobre hielo. Ver a los locales disfrutar del juego y conversar entre amigos, en el cálido y acogedor interior de un pub tradicional es lo más canadiense que podrás ver.
Está claro que no alcazan 24 horas para conocer Toronto, sin embargo es tiempo suficiente para empaparse de su energía. Asique de regreso al aeropuerto, sentimos una gran satisfacción de haber aprovechado la escala. Y con la idea de en algún momento volver para seguir descubriendo Canadá.

