En el camino

Viajar por el mundo en tiempos de Pandemia ¿Cómo es nuestra experiencia?

Hace algunos meses, cuando se conoció el primer caso de Coronavirus, nosotros estábamos en China, a punto de salir del país por tierra rumbo a Kazajistan. Nos encontrábamos en Urumqi, a 3.300 mil km de Wuhan, muy lejos de donde se detectó el virus. A pesar de que el frío alcanzaba los -15 ° C, la gente estaba alegre por la llegada del Año Nuevo. En ese contexto de normalidad emprendimos la travesía al nuevo país, sanos y fuertes como siempre, sin imaginar que llevar la visa china en nuestro pasaporte sería más difícil que estar enfermos.

Viajar en épocas de pandemia no es sencillo, claro está. Pero en este siglo XXI la cosa es distinta, porque ademas del riesgo de contagio existe un alto grado de desinformación, muchas veces fogoneado por importantes medios de comunicación, lo que origina además una pandemia de fakes news.

Las noticias falsas y la divulgación exagerada de datos crean una paranoia social que afecta no solo a la población sino que también a las autoridades. Desde que se conoció el coronavirus, hemos viajado sin problemas por Kazajistán y Rusia, a principios de febrero, aunque cada vez que algún oficial veía nuestra visa de China en el pasaporte, automáticamente se ponía los guantes y se ajustaban una mascarilla.

Sentíamos la incomodidad todo el tiempo, no solo por estar en tierras lejanas y no poder hablar el idioma, sino porque nos resultaba muy dificil explicar que estuvimos en China pero muy lejos del epicentro del virus. Pocos toman dimensión de lo enrome que es el Gigante Asiático y era inevitable que nos juzguen con la mirada cada vez que revisaban nuestros documentos.

Pero lo peor fue cuando intentamos ingresar a Georgia, ahí sí que nos encontramos de cara a una problemática mundial grave. En la frontera de Osetia, en medio de las montañas del Cáucaso, nos rechazaron el ingreso al país sin siquiera darnos explicaciones, dejándonos varados largas horas en la intemperie, rodeados de nieve y muertos de frío. El motivo era obvio, aunque no se animaron a blanquearlo, habíamos estado en China y eso los asustaba. Lo curioso es que ya habíamos viajado varias horas en bus para llegar a la frontera, pero de todos los pasajeros, los únicos rechazados fuimos nosotros.

Hablamos, lloramos, gritamos, insistimos, nos cansamos. Ni la extrema nevada que nos golpeaba en la cara parecía conmover a los oficiales que, desde adentro nos miraban prepotentes y, además, se negaban a llamar al consulado argentino para pedir asesoramiento. La pasamos muy mal. En eso, apareció una persona que se ofreció a regresarnos hasta la frontera con Rusia y afortunadamente los rusos fueron mucho más considerados. Nos permitieron volver a ingresar, tomaron los recaudos necesarios y nos pusieron en cuarentena.

La cuarentena fue extraña, no nos prohibieron salir ni tampoco le comunicaron a nuestro país la situación, igualmente eso nos favoreció porque no nos deportaron. Nos dieron la posibilidad de elegir un hotel, que obviamente tuvimos que pagar nosotros, y nos enviaron enfermeras todos los días para el control. El tema es que no nos decían hasta cuando ibamos a tener que estar adentro y eso representaba un importante gasto para nuestro presupuesto mochilero.

Luego de varios controles, seguíamos sin siquiera tener una mínima tos, nos dieron la libertad y nos otorgaron un certificado de salud para continuar nuestro viaje, aunque escrito en ruso. Todo no se puede.

ENFERMERAS. Nos hicimos amigos de la gente de sanidad en Rusia

Nos avisaron que más allá de estar sanos, Georgia no iba a dejarnos entrar. Nuestros planes de recorrer oriente medio por tierra se cayeron y un nuevo imprevisto surgió, ¿Tendríamos forma de viajar en avión sin gastar millones? Por suerte conseguimos un vuelo económico a Ereván, Armenia y allí nos quedamos unos cuantos días para relajar y dejar el pasaporte bien guardado por un rato.

La vida nómada se enfrenta constantemente a desafíos que resolver

En esta ocasión, no solo teníamos vetado el ingreso a Georgia, sino que desde Armenia tampoco podíamos llegar a Turquía, ya que ambos países mantienen vigente una disputa diplomática que lleva más de 100 años. Lamentablemente Irán tampoco era una opción, porque había prohibido el ingreso de personas que hayan estado en China. Aunque ya hacía un mes que estábamos fuera de peligro, nada parecía calmar la paranoia.

Fue entonces cuando aparece el vuelo barato a Italia, desde donde viajaríamos a Turquía para visitar Estambul. Sacamos el pasaje y a los pocos días el gobierno italiano anuncia el aumento de las cifras de muertos y las centenas de infectados en el norte del país. Viajamos igual con la idea de quedarnos unos pocos días en Roma y seguir viaje.

Al ingresar, en el aeropuerto nos tomaron la fiebre y nada más. La vida en la capital italiana transcurría sin alarmas y nosotros la pasamos genial. La ausencia de ciudadanos chinos en los puntos turísticos más convocantes generaba un escenario atípico para la vida cotidiana de una de las ciudades más turísticas de Europa y eso nos hacía ruido, pero pasamos hermosos tres días y pudimos viajar sin problemas a Estambul.

Que la epidemia haya llegado a Europa generó mayor miedo en la gente. En aeropuertos y espacios públicos comenzaba a verse a la población un poco más atemorizada, sin saber bien qué hacer y repitiendo información incorrecta. Algunos con barbijo sin estar enfermos y otros tantos tosiendo a los cuatro vientos sin siquiera taparse la boca. Nosotros seguíamos inmunes, pero sin poder evitar que nos temblaran las piernas cada vez que llegábamos a las ventanillas de migraciones, aunque ya el problema era global.

Toda esta situación nos encontró en un raid viajero que casualmente nos condujo de China a Italia, con numerosas escalas traumáticas en el medio.

Hoy estamos en Turquía sin poder salir de aquí. Las conexiones entre los países están cerradas y muchos Estados decretaron la Emergencia al tratarse de una Pandemia. Por todo lo acontecido, sabemos de primera mano cómo se vive la situación del Coronavirus en el mundo. Los daños que esto genera en la salud y en la economía, en las libertades individuales y en la información. Es por eso que nuestra postura está lejos del drama, a pesar de todo lo que nos aconteció viajando, porque sabemos que hay gente pasándola muy mal, y a mayor miedo y temor, mayores errores se comenten. La sensatez y la consciencia para analizar la cuestión será una de las claves para la prevención y el cuidado.

Viajar en tiempos de pandemia no es lo ideal, pero vivimos de viaje y esto es un momento más que nos toca atravesar. Ya volverá la normalidad. Todo pasa.

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