Cuentos de viaje

Literatura viajera: La bruja en la ventana

​La mujer tenia la tez muy blanca, las tez más blanca que vi alguna vez. Nos miraba desde lo alto de una ventana, con los brazos cruzados, apoyados en el aire. Tenía el pelo negro y una remera color sangre. Sonreía levemente con la boca y nos increpaba con los ojos. La mirada era muy poderosa, una mirada capaz de ganarle al tiempo y al espacio, todavía puedo sentirla. Creo que dejamos de respirar cuando nos encontramos con sus ojos. Su presencia era tan grande, que nos hizo ignorar que nos observaba desde el tercer piso de un enorme hotel abandonado.

Estábamos cerca del mar, hacia frío, había mucha bruma, y sin embargo, podíamos verla con total claridad. Seguimos caminando hipnotizados por aquella mujer, detenidos en esa ventana, sin escandalizarnos por la nena de pelo larguísimo que caminaba sobre el tejado del edificio abandonado, vestida de verano, desafiando la ley de gravedad e indiferente a su inmortalidad.

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