Cuentos millennials

Literatura viajera: El peso de las llaves

​Lo más difícil fue dejar las llaves. Dejar de sentir su peso en el bolsillo del pantalón, encontrar su ausencia arriba de la mesa cuando las buscaba. Sabía que dejar las llaves era despedirme, esta vez, de forma contundente, irreversible. Estaba cambiando las reglas del juego, había un lugar menos disponible en el mundo para mí. La primera puerta, el pasillo fresco y angosto, la cerradura trabada de la segunda y la luz del patio; el ritual de iniciación del hogar ahora depende de que alguien responda al timbre. Y hoy, nadie, absolutamente nadie, responde al timbre.


Hay gente que lleva su juego de llaves más allá del océano, a través de desiertos, mientras vuela cielos ajenos. Hay amantes que cuelgan llaves de puertas que ya nunca podrán abrir, aunque esa figura de acero les haga pensar lo contrario. Hay llaves que guardan recuerdos de tiempos más felices,  que abren espacios en la memoria dónde habitan viejas alegrías.


Conozco una argentina que vive en una Isla de otro continente, que antes de salir, siempre se fija que las llaves de su casa en Buenos Aires estén ahí. Como si esa pequeña revisión a miles de kilómetros de distancia, fuera el indicio perfecto para saber que en la otra punta del mundo, todo marcha bien.


Hay una música en Bruselas que cada vez que entra a su edificio, marca el número 5 en el ascensor, en vez del 3, dónde vive, «porque uso el mismo llavero que en mi casa anterior y se me mezclan». 


Hace unos días, escuché la historia de dos viajeros, que como salieron sin llaves, no tienen dónde anclar y hacer base, «una nunca sabe la importancia del peso de las llaves, hasta que no las tiene». 

Usted podría pensar, erróneamente, que las llaves pueden cambiar fácilmente de dueño, sin otro particular que reemplazar la decoración que las acompaña. Pero se equivoca. En las llaves vive, igual que en el hogar, el portador inicial. Los juegos de llaves son un cúmulo de historias que terminan en el mismo lugar. Son la marca de la presencia, y la presencia de la ausencia cuando el portador no está.


Leí el obituario de un piloto de avión, que repartía sus días entre Bergamo, Trento y Turín, dónde sus tres viudas se pusieron de acuerdo para revolearle las llaves en su entierro, «y que no vuelva ni de visita», cerraron el anuncio. Cuando se encontraron en el cementerio, entendieron, al fin, por qué pesaba tanto la valija que arrastraba en cada viaje.

Está lloviendo, siempre llueve los días importantes. Es la forma más eficaz que tiene el universo para recordarnos que estamos vivos. El agua cayendo sobre los ojos es muy difícil de ignorar, como el peso del juego de llaves cuando no está. Escucho al perro ladrar desde adentro, el timbre debe funcionar. 

 

5 comentarios

  1. Hay llaves que guardan recuerdos de tiempos más felices” tu casa de colpayo. Esa cocina de previa, en invierno en verano, dia del amigo y navidad y risa siempre mucha risa. Q lindo escribis amiga! Se me piante una lagrima y un te extraño enorme! Sigue escribiendo asi te sentimos mas cerquita ❤

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