Cuentos millennials

Literatura viajera: “Amor Dragón”

​Siempre me gustaron los dragones. Famosos por ser dioses ancestrales, dueños del cielo y el suelo, capaces de causar y curar heridas sin perder la elegancia, gozan de cordones montañosos por todo el mundo.

Siempre me gustaron los dragones. Famosos por ser dioses ancestrales, dueños del cielo y el suelo, capaces de causar y curar heridas sin perder la elegancia, gozan de cordones montañosos por todo el mundo. Dicen las leyendas que sus esqueletos aún se pueden ver en lagos y ríos de las regiones más variadas.

Menos Geremías.
Geremías es distinto, porque está vivo y es mi vecino. Tiene 537.000 años y es hincha de Boca. La primera vez que lo vi estaba sentado en una plaza, conversando con un grupo de niños sobre los peligros inconmensurables de los Chasqui bum, unas pastillitas que explotan haciendo ruido al encontrarse con el piso. Tan concentrado en advertir a los jóvenes estaba, que empezó a echar humo por la nariz y para tranquilizarlo hubo que vaciarle dos termos de tereré en cada fosa nasal.

La segunda vez que lo vi, fue durante un partido de truco en el Parque Rivadavia, un día de sol rajante. Lo reconocí diez cuadras antes de llegar, porque las escamas, a veces verdes, a veces azules y de costado violetas, reflejaban imágenes de los siete mares en los edificios del barrio. Aquello se había convertido en un océano a cielo abierto. Como también reflejaba sus cartas, perdió todas las partidas y un montón de porotos, no le gusta apostar con plata. Geremías es comunista y dice que prefiere repartir la torta a morirse de diabetes.
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Los Jueves organiza la Plantafiesta en la terraza del PH dónde vive, nosotros llevamos el tinto y él pone la comida, Geremias es vegano y hace el fuego más rápido que nadie. Dice que en Argentina comemos tantos animales, que él dejó la carne por miedo a que lo hagan a la parrilla. “Estoy cuidando la especie” y tira una papa a la brasa, siempre en ese orden. Creo que las papas son sus preferidas, “Porque curan el hambre”, argumenta.
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Yo me enamoré de Geremías una tarde de verano, mientras doblaba la esquina. Si me hubiera pasado a media cuadra, quizás lo podría haber evitado, pero es muy difícil dejar de doblar cuando se está doblando, y el amor me sorprendió en plena curva, sin previo aviso.
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Sentí el corazón acelerado y el cuerpo liviano, y con toda la velocidad que mi existencia me permitió, me fui derecho al PH antes de que empiece la fiesta de los Jueves.
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– Buenas tardes Geremías, soy Elías del departamento C. Abajo de este caparazón se esconde un tortugo capaz de dar mucho amor. Tengo amplios conocimientos sobre los usos de la lechuga y cómo racionarla según la ocasión . Me urge declararle que mi admiración requiere de usted más atención, ¿Quisiera ser mi novio, querido dragón? – Geremías estaba lleno de carbón, usando lo que creí reconocer como los pantalones cortos suplentes del Boca campeón del ’92. Se limpió el sudor con su lengua y me dio un abrazo reparador.
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– Cuánto tardaste Elías! Hace de mi casa, tu morada, y de mi vida, tu compañía. Evitemos las leyendas y escribamos juntos nuestra propia historia, la mitología es un peso insoportable sobre mi espalda. No quiero esconderme en un río, ni pasar la eternidad en un lago, si puedo envejecer a tu lado. Ya muchos dragones han elegido morir, a vivir enamorados.

 

 

 

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